Paracetamol y autismo: otro mito que la ciencia ya desmintió

Durante los últimos años, las redes sociales se han convertido en terreno fértil para teorías sobre el “origen” del autismo. Cada tanto surge una nueva explicación mágica o alarmista: vacunas, pesticidas, pantallas… y últimamente, el paracetamol.

Lo preocupante no es solo la falta de evidencia detrás de estas afirmaciones, sino el miedo que siembran. Miedo en madres y padres que buscan entender, y culpa en quienes simplemente siguieron una indicación médica. Pero como veremos, el vínculo entre paracetamol y autismo no se sostiene ni científica ni éticamente.

¿De dónde salió esta idea?

La hipótesis de que el paracetamol (acetaminofén) podría causar autismo comenzó a circular alrededor de 2017, cuando un par de estudios observacionales encontraron que algunas personas embarazadas que reportaron uso frecuente de este medicamento tenían hijos con diagnóstico de autismo o TDAH en mayor proporción.

El problema es que “correlación” no significa “causalidad”. Es decir, que dos cosas ocurran juntas no implica que una cause la otra. En estos estudios, no se pudo controlar adecuadamente si había otros factores involucrados —por ejemplo, fiebre materna, infecciones virales, inflamación o predisposición genética—, todos ellos variables que sí pueden influir en el desarrollo neurológico.

Además, esos estudios dependían de autoinformes retrospectivos, es decir, de recordar cuánto paracetamol se tomó años atrás. Esa metodología es altamente imprecisa.

El Factor de Confusión Familiar: La genética, no la pastilla

El factor de confusión familiar se refiere a las características que se comparten
dentro de la familia y que, en realidad, son la causa de la asociación.
La genética: El autismo tiene una alta heredabilidad.
Si uno de los padres tiene una predisposición genética al autismo o al TDAH,
es más probable que el niño también la tenga.
El Sesgo por Indicación: Los padres con condiciones neurodivergentes
o con mayor dolor crónico tienen más probabilidades de usar el paracetamol.
En este caso, la asociación real es:
Predisposición genética -> Autismo, y
Predisposición genética -> Uso de Paracetamol.
El medicamento queda simplemente en medio.

Qué dicen los estudios más rigurosos

A raíz de la alarma, la ciencia revisó los datos con controles metodológicos mucho más estrictos, y la causalidad se desmoronó.

En 2021, un metaanálisis publicado en European Journal of Epidemiology analizó más de 70.000 niños y niñas, y concluyó que no hay evidencia suficiente para afirmar una relación causal entre exposición prenatal al paracetamol y autismo.

De forma similar, un estudio de cohorte danés (más de 150.000 participantes) no encontró ningún aumento significativo del riesgo de autismo en hijos de personas que usaron el medicamento durante el embarazo siguiendo indicaciones médicas.

El golpe de gracia del estudio sueco

El estudio más contundente hasta la fecha provino de Suecia, publicado en JAMA en 2024. Los investigadores analizaron datos de casi 2.5 millones de niños utilizando el método de control de hermanos.

Este método compara el riesgo de autismo en un hermano expuesto al paracetamol con su propio hermano no expuesto. Al hacerlo, se neutraliza la genética compartida y el ambiente familiar.

  • Resultado: Al aplicar el análisis de control de hermanos, el riesgo de autismo asociado al paracetamol desapareció por completo.
  • Conclusión: La asociación observada en estudios anteriores es, de hecho, atribuible a factores familiares o genéticos, y no al uso del medicamento.

¿Y los otros causantes?

También han surgido hipótesis que vinculan el autismo con otros factores ambientales, como un estudio reciente que propone que el glifosato (un plaguicida) y el paracetamol podrían, a través de complejos mecanismos moleculares, alterar una proteína del desarrollo llamada Sonic Hedgehog (SHH). Si bien estas hipótesis son interesantes a nivel molecular, no constituyen evidencia de causalidad. Los organismos de salud insisten: el autismo es de origen neurobiológico y la búsqueda de un detonante ambiental simple sigue sin estar respaldada por el consenso científico general.

¿Por qué nos atraen estas explicaciones?

Creer que un medicamento, una vacuna o algún químico “provocó” el autismo ofrece una sensación de control ante lo incierto. Pero el autismo no es una enfermedad ni un efecto adverso: es una forma natural de neurodesarrollo.

Detrás del impulso por buscar una causa concreta suele haber dolor, desconcierto y falta de información sobre lo que realmente significa ser autista. El problema es que, en ese intento de encontrar un culpable, se termina alimentando la desinformación y el estigma.

Cada teoría falsa desvía la atención de lo que realmente importa: crear entornos que comprendan y acompañen las diferencias neurológicas.

Las consecuencias del miedo

La ciencia lleva décadas investigando y hoy existe consenso: el autismo tiene una base neurobiológica y genética compleja, con múltiples factores interactuando (genéticos, epigenéticos, ambientales no tóxicos). Ninguno de ellos implica “culpa” ni “error”.

Las narrativas alarmistas sobre medicamentos y autismo no solo difunden información falsa, sino que generan riesgos reales para la salud.

Algunas personas, temiendo “dañar” a sus hijos, evitan darles paracetamol cuando lo necesitan, incluso en cuadros de fiebre alta o dolor intenso. Evitar el paracetamol, que es el analgésico de elección durante el embarazo, puede llevar a:

  • Riesgos de fiebre no tratada: La fiebre alta puede tener consecuencias serias para el desarrollo fetal.
  • Aumento de la ansiedad: La desinformación amplifica la culpa y el estrés en madres y padres.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) han reiterado que el paracetamol sigue siendo un fármaco seguro y el más recomendado en contextos clínicos adecuados, siempre bajo la dosis mínima efectiva y el menor tiempo posible.

Lo que sí podemos hacer

En vez de buscar culpables, podemos buscar comprensión. En lugar de temer, podemos informarnos desde fuentes confiables y escuchar a las personas autistas, que llevan años desmintiendo estos mitos desde la experiencia y la evidencia.

  • El autismo no se causa ni se evita con una pastilla.
  • El autismo tiene una base neurobiológica y genética compleja.
  • No hay nada que curar, hay mucho que comprender y acompañar.

El desafío no es encontrar el “origen” del autismo, sino revisar el origen de nuestros prejuicios sobre él. Dejemos de buscar culpables y centrémonos en construir entornos que entiendan, respeten y celebren la diversidad neurológica. Podemos evitar mucho sufrimiento si dejamos de buscar culpables y empezamos a escuchar a quienes viven el autismo desde dentro.

Para seguir leyendo

Fuentes confiables y lecturas recomendadas:

  • FIGO (2025). Declaración: Uso de paracetamol (acetaminofén) durante el embarazo y riesgo de autismo: la evidencia no respalda una asociación causal.
  • Magnusson, C., et al. (2024). Paracetamol Use During Pregnancy and Risk of Autism and ADHD in Offspring: A Nationwide Swedish Cohort Study. JAMA, 331(18), 1734–1744. Disponible en: https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2817406
  • Liew, Z. et al. (2021). Paracetamol use during pregnancy and neurodevelopment: systematic review and meta-analysis. European Journal of Epidemiology.
  • World Health Organization (2021). Statement on Paracetamol Use and Autism Risk.

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