(y otros mitos que perpetúan el capacitismo)
“¿Cómo va a ser autista si tiene tan buen vocabulario?”
La primera vez que escuché esa frase fue antes incluso de entrar a la consulta.
Yo había escrito preguntando si la psicóloga trabajaba con autismo, si podía hacerme una evaluación. Su respuesta fue directa: “Pero Vale… tú no eres autista.”
Aun así, fui. En la sesión, volví a escuchar lo de siempre:
“Es que tú te comunicas bien.”
“Tienes amigos.”
“Eres inteligente.”
Y cuando los resultados dieron “autista”, llegaron otras perlas:
“Lo bueno es que no se te nota.”
“Con un poquito de esfuerzo vas a encajar donde sea.”
¿Te suenan familiares esas frases? ¿Te parecen elogios… o reconoces el peligro que esconden?
La trampa del talento autosuficiente
Muchos profesionales aún no se actualizan en un tema clave: no solo en “trastornos” o “problemas” visibles, sino también en neurodivergencias invisibles que se disimulan bajo el brillo, como las altas capacidades.
Cuando una persona es autista y tiene altas capacidades, su perfil puede confundir. Puede parecer que no “necesita” ayuda. Puede incluso camuflar tan bien sus desafíos que nadie los nota… hasta que ya es demasiado tarde.
Y entonces aparece el capacitismo elegante:
→ Si puede hacer A, B o C, entonces “debe” poder con todo.
→ Si es tan inteligente, que ayude a otros.
→ Que se adapte, que brille, que no moleste.
¿Y si esa persona quiere simplemente disfrutar el sol, sin ser productiva?
¿Y si solo necesita descansar, respirar, existir?

“Qué desperdicio de capacidades”, piensan algunos.
Pero no. No es un desperdicio. Es un derecho. Y cuando esa persona finalmente pide ayuda (si es que se atreve), lo hace muchas veces a través del agotamiento, la ansiedad, o el silencio. Porque no sabe cómo decirlo. Porque no le creyeron cuando lo insinuó la primera vez.
Los apoyos no son por carencia. Son por equidad.
La palabra apoyo no debería evocar “lástima”, ni “falta”, ni “déficit”.
Apoyar es sostener. Acompañar. Hacer posible lo que, sin ese impulso, sería agotador o inalcanzable.
Y sí: las personas con altas capacidades también pueden necesitar apoyos.
Algunas presentan un desarrollo asincrónico: pueden tener un pensamiento avanzado, pero una emocionalidad muy sensible. O una memoria prodigiosa, pero una regulación sensorial frágil. O una creatividad enorme, pero problemas con la planificación y el tiempo.
👉 Eso no es “una contradicción”. Eso es complejidad humana.
Apoyos sensoriales, emocionales o ejecutivos no son privilegios: son accesibilidad.
Y no basta con “tratar igual” a todos. Se trata de dar a cada quien lo que necesita: eso es equidad. ¿Será suficiente con esto?
Quizá conoces esta imagen clásica donde tres personas diferentes quieren ver un juego por sobre una cerca. La idea era demostrar que entre igualdad y equidad hay mucha distancia, ya que la primera significa entregar los mismos apoyos a todos, los necesiten o no, les sirvan o no. En cambio, la segunda implica entregar a cada uno lo que le haga falta y se adapte a su necesidad.
Sin embargo, la realidad nos muestra que, aunque sabemos que la equidad es deseable, todavía seguimos quitando oportunidades a quienes las tienen, y dando herramientas solo a algunos. Incluso, si analizamos un poco y vamos más allá de pensar solo en entregar apoyos, deberíamos preguntarnos si no sería mejor eliminar la cerca, quitar las barreras. Eso, amigas mías, se llama justicia.

Inteligencia no es sinónimo de madurez total
Confundimos demasiado seguido altas capacidades con autocontrol, habilidades sociales, flexibilidad emocional. Y no: una mente rápida no siempre sabe qué hacer con una emoción fuerte.
Te cuento una escena real. Un niño pequeño le pidió a su mamá que le comprara una galleta. Ella le dijo que no tenía dinero. El niño miró su monedero y le respondió: “Sí tienes. Está ahí.”
En vez de negarse de golpe o ceder, la madre respiró y explicó: “Sí, quedan monedas. Pero deben alcanzar para la leche, el pan y la carne. Si compro la galleta, no habrá para todo lo demás. ¿Qué opinas?”
El niño lo entendió. No lloró. No insistió. Esa madre supo hablarle a su capacidad, sin olvidar su edad.

Eso es acompañar desde el respeto y la sintonía. No asumir que porque “entiende rápido” puede con todo. No esperar que resuelva solo lo que aún no sabe nombrar.
Sí, tiene altas capacidades. Y sí, necesita apoyos.
La próxima vez que veas a tu hija, a tu estudiante, a tu paciente con altas capacidades…
y notes que algo no anda bien, no te apresures en pensar: “no lo necesita”.
Tal vez sí. Tal vez mucho. Solo que aprendió a no mostrarlo, para no incomodar.
🔸 Tal vez necesita ayuda para regular su mundo sensorial.
🔸 O para entender lo que siente.
🔸 O para organizar su tiempo sin agotarse.
🔍 Y sobre todo, necesita que tú cambies el filtro desde el cual la miras.
👉 Estoy segura de que tu persona autista tiene un brillo único. Asegúrate de verla con los ojos correctos.
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