Pelea de pulpos en la cabeza: así se siente ser brillante, sensible y con atención divergente

“Está más enredado que pelea de pulpos”, me decía mi papá cada vez que le pedía ayuda con alguna actividad que no entendía, como esos manuales para armar muebles que vienen escritos en idiomas extraños y que presentan dibujos de piezas que nunca estuvieron en la caja.

Pero esa misma frase se me viene a la mente cada vez que me cuentan de que evaluaron a un niño que parecía no querer para nada el colegio, que no hacía ninguna tarea, pero que tenía las mejores calificaciones a fin de año. O cuando me tocaba observar a una niña brillante en su clase, pero que solo hablaba con adultos, que no se sentía cómoda con sus compañeras de curso “porque hablan solo cosas de niña”, y que no había cómo lograr que estuviera en silencio por 5 minutos.

Es que, en estos casos, podemos detectar que enfrentamos cerebros neurodivergentes. El problema es que la sociedad (y en algunos países, el sistema educativo) exige que tengan un diagnóstico para poder recibir apoyos, que se realicen ajustes y que se les preste atención individualizada en sus salas de clases y colegios.

¿Será posible determinar qué pulpos están metidos en esta pelea, para ver a quién le pertenece cada tentáculo?

¿Puede una mente brillante confundirse con una mente “problemática”?

La respuesta es sí. Y no por lo que ocurre dentro de esa mente, sino por los ojos que la observan sin comprender su complejidad.

En todos mis años como psicopedagoga, no ha sido raro encontrar estos alumnos que suelen mostrar un desinterés tremendo por el colegio y sus clases tan estructuradas. Cuando he podido conversar con ellos, me cuentan que se aburren demasiado, que la profesora explica muchas veces lo mismo, que para qué hacer tanto la misma tarea si ya sabe cómo es… ¿Qué se les responde en estos casos?

Mi memoria me lleva a mis años escolares, donde cuestionaba cada palabra de mis profesores. Si bien me gustaba estar ocupada haciendo tareas y resolviendo ejercicios (amo las matemáticas desde siempre), eso no significaba que no me aburriera en clases. Pero ahí estaba otra cara de la moneda: “la niña bien”.

Además de esos chiquillos que se aburren y que su inquietud característica (porque son niños) les hace levantarse de su silla, recorrer la sala, inventarse juegos y terminar siendo regañados por “desordenados”, estaban los otros niños que no molestaban para nada. No se movían siquiera. No reclamaban por nada. Solo copiaban la materia, resolvían las actividades y esperaban con una paciencia envidiada por los monjes más estrictos. Y fácilmente entraban en las clasificaciones por parte de los maestros: el grupo de los desordenados, y el grupo de los tranquilos.

Pero ahora, en épocas que se nos hace más urgente observar la diferencia entre cada persona para aceptarnos, comprendernos y relacionarnos, es cuando más hace falta identificar lo que cada alumno es, sus habilidades y sus desafíos.

Este es el punto donde se cruzan las neurodivergencias, llamadas “trastornos” en los manuales médicos, con las altas capacidades. Donde se juntan las altas capacidades con otras neurodivergencias o condiciones sociales de una persona es donde nacen la doble excepcionalidad (2E), la triple excepcionalidad (3E) o la múltiple excepcionalidad (ME). Y estas son uno de los terrenos más confusos y también más invisibilizados dentro de la neurodiversidad. Y en medio de ese cruce, muchas personas se pierden.

🌪️ ¿Cómo se enreda todo esto?

Sofía era una niña que aprendió a leer a los tres años, y que ahora tiene ideas que dejan perplejos a los adultos, pero que en clase no logra mantenerse sentada, olvida hacer sus tareas o llevar los materiales, y parece muy distraída. Algunos dirán: “Es TDAH”. Otros pensarán: “Le duró poco lo superdotada, ganó la flojera”.
Y en verdad… puede ser una persona doblemente excepcional (2E), con altas capacidades y atención divergente, y eso no tiene nada que ver con su energía para hacer o dejar de hacer cosas. En realidad, tiene más que ver con su neurología y lo que para su cerebro merece mayor atención.

Lo que debemos entender cuando observamos situaciones como la descrita es que, si se cruzan neurodivergencias, tendremos señales mezcladas, algunas potenciadas y que quizá marquen la diferencia entre las habilidades que se tienen versus los desafíos que se enfrentan, pero habrá otras características que se solaparán, se esconderán de la vista rápida que no investiga más allá.

Así, la pequeña Sofía, aunque haya logrado aprendizajes complejos a muy temprana edad, verá camufladas sus altas capacidades por su atención divergente, que buscará desesperadamente algo más interesante que aprender, en vez de estar repitiendo por quinta vez la tabla del 2. Entonces, de Sofía nadie sospechará una doble excepcionalidad, y menos se buscará la forma de apoyarla para que su desarrollo sea el mejor posible en su entorno.

🧠 ¿Y el autismo?

Cuando coexisten autismo y altas capacidades, especialmente cuando la persona tiene un lenguaje avanzado y se exige (o le exigen) ocultar comportamientos que podrían verse raros para otros, es muy probable que no se note que es autista. Las altas capacidades pueden ayudar a camuflar aún más las conductas que son tan características entre autistas, como las estereotipias o las ecolalias. Quizá se adapte a estas y adquiera las que parecen más aceptadas por los demás (como jugar con el pelo en vez de aplaudir o aletear, o repetir canciones enteras en vez de solo frases fuera de contexto).

Sin embargo, llegará el momento en que, como autista, se verá superado por el entorno y ya no pueda seguir camuflando, lo que desembocará en una crisis que podría durar mucho tiempo. Ese esfuerzo por encajar no es gratis: cobra energía, identidad y, muchas veces, salud mental.

Por eso, con Lucas se hizo necesario observar en detalle sus fortalezas pero también sus desafíos, y allí estaban: lo que sonaba como conversaciones de niño muy inteligente y con toques hasta altivos, era una forma de comunicación característica del autismo. O esos intereses tan profundos que mostraba por estudiar los insectos respondían no solo a la curiosidad infantil, sino a su mente neurodivergente pidiendo datos y queriendo descubrir todo lo posible de su pasión.

Esta es la razón de que se necesite profesionales que no solo hayan estudiado sobre neurodivergencias en los libros y desde el enfoque médico: se necesita profesionales con experiencia, ya sea propia o de cercanos, para comprender cómo se vive siendo neurodivergente múltiple (sea esto 2E, 3E o multiexcepcionalidad).

Los libros recién están comenzando a actualizar, tímidamente debo añadir, ciertos conceptos tratados por un siglo o más como algo patológico y digno de ocultar. En una era donde la ciencia avanza a zancadas, y la información se desparrama por el planeta en tiempo récord, nada mejor que contar con las experiencias de primera mano y con los estudios de vanguardia. Por eso, te dejo aquí un esquema donde podrás ver aquellos rasgos o características que suelen mezclarse entre diferentes neurodivergencias y las altas capacidades:

🔍 Características compartidas entre neurodivergencias:

✍️ ¿Y qué pasa si además hay una dificultad de aprendizaje?

Muchas personas piensan que si alguien tiene altas capacidades, no puede tener dislexia, discalculia o disgrafía. Pero la verdad es que sí, pueden coexistir.

¿Cómo afecta esta mezcla a la persona? Lo más probable es que se pregunte cómo puede hacer cosas muy bien y otras muy mal, o por qué entiende algunas explicaciones, mientras otras son como lenguaje extranjero para ella. Y esta dualidad, sentirse capaz pero incapaz, termina por romper la autoestima de la persona, si no cuenta con el apoyo adecuado.

Por eso, evaluar, entender y acompañar es tan necesario para alumnos neurodivergentes. Sea que tengan una, dos, cinco o cien, sus características particulares deberían dictar el cómo necesita que le guiemos en la etapa de aprendizaje más importante de su vida: la infancia.

🌱 Entonces, ¿qué podemos hacer?

  • Aprendamos a mirar la complejidad.
  • Creamos en lo que no se ve a simple vista.
  • Entreguemos herramientas, estrategias y apoyos según se necesiten, independiente de si hay diagnósticos o no.

Ser 2E, 3E o multiexcepcional no es un error del sistema.
Es una invitación a crear entornos que abracen la diferencia sin negarla.
Porque en ese cruce de caminos, muchas veces está la semilla de las ideas más transformadoras. Si eres educador, terapeuta o familiar, esta es tu invitación: observa sin juzgar, pregunta sin asumir, y acompaña sin querer corregir lo que no está roto.

Porque cada “pelea de pulpos” puede ser, en realidad, una danza compleja entre fortalezas y desafíos…
…y entenderla no solo cambia una vida, sino que transforma también nuestras formas de enseñar, criar y convivir.


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