Pensar en espiral: así se siente tener altas capacidades y atención divergente

Hace unos años, en plena pandemia, tuve que salir de compras. Mientras esperaba mi turno afuera del local, vi pasar a una mujer… y de pronto, le pregunté a mi hermano:

—¿Por qué en la nave de Interestelar la gravedad va hacia afuera, en lugar de hacia el centro?

Él me miró confundido.
—¿Y por qué pensaste en eso ahora?

Yo tampoco lo sabía… hasta que empecé a seguir el hilo. Como cuando una quiere ovillar lana enredada, busqué el extremo más evidente y comencé a desenrollar:

Vi a la señora, con su blusa de rayas blancas y negras. Me recordó a la moda francesa.
Pensé en los franceses, en su estatura, en el síndrome de Marfan.
La palabra Marfan me llevó a Murphy.
Murphy me recordó la Ley de Murphy.
Murphy es también el nombre de la niña en Interestelar.
Y de pronto, ahí estaba: la escena de los niños en la nave donde la gravedad iba hacia los bordes.

Todo eso en menos de un segundo.

Me he topado con muchas personas a lo largo de mi vida que suelen tener este tipo de pensamientos ramificados, donde una palabra, un sonido particular, una imagen o cualquier estímulo, las lleva a destinos insospechados. Cuando niña o adolescente, solía reír con mis amigas al darnos cuenta de que contábamos 10 historias diferentes sin llegar a un final con ninguna, en una sola conversación.

Ahora, ¿será un problema tener este tipo de pensamiento?

¿Cómo se siente pensar así?

Este estilo cognitivo puede ser fascinante… y agotador.

De hecho, algunos beneficios de pensar en espiral pueden ser:

🌟 ver patrones donde otros solo ven datos,
🌟 resolver problemas con creatividad,
🌟 inventar nuevas formas de hacer lo que parecía obvio.

Sin embargo, también puede ser agotador perseguir tantos pensamientos. Cuando queremos descansar y “desconectar”, la mente no se entera. Sigue trabajando, sigue enviándonos ideas, proyectos y metas. Son momentos en que quisiéramos tener un interruptor que apague el cerebro.  

Y ahora imagina lo que pasa cuando esta forma de pensar aparece en niños con altas capacidades y atención divergente… dentro de un sistema escolar que solo acepta lo lineal:

‼️‼️ Resolver de A a B, sin desviaciones.
‼️‼️ Responder como se enseñó, no como se entendió.
‼️‼️ Evitar caminos nuevos, porque no “corresponden”.

¿Resultado? Se les castiga por ser rápidos, por adelantarse, por aburrirse. Por no “seguir instrucciones”, cuando su mente solo intenta seguir su ritmo.

Lo que el pensamiento espiral puede crear

Cuando respetamos la forma natural en que una mente divergente procesa, florecen ideas asombrosas.

🌱 Una niña que parecía “desorganizada” puede terminar diseñando un sistema de clasificación de emociones con colores, olores y texturas.
🌱 Un joven “distraído” puede descubrir una manera nueva de explicar un fenómeno físico que sus profesores no lograban simplificar.
🌱 Una adulta que se sentía “demasiado intensa” puede volverse mentora, activista, escritora, guía para otros que piensan como ella.

Porque pensar en espiral no es un error. Es un modo legítimo de existir.

Pero ojo, que si vivimos diciendo que “irse por las ramas” no es bueno, que hay que “concentrarse” en una sola cosa para hacerla bien, o que “siempre se ha hecho igual”, así que no vale la pena explorar otros métodos, estaremos diciendo que el pensamiento divergente está mal.

¿Calificar un estilo de pensar o de analizar las cosas puede ser perjudicial? Juzga este ejemplo:

Una alumna brillante y bien portada destaca en su curso. Pero de vez en cuando, es reprendida por sus maestros, quienes le dicen que se apegue a las indicaciones, que no busque otras formas ni otras opciones, porque aunque existan, no está en clases para cuestionar, sino para aprender.

La alumna comienza a callar cada vez más sus ideas. Sus pensamientos no desaparecen, pero darlos a conocer ya no es una opción. Se vuelve retraída, sintiendo que todo lo que comenta es un error. Finalmente, cae en un bucle constante de pensamientos negativos, donde se dice a sí misma que no lo intente, que no opine, que su forma de pensar no está bien y que no vale la pena esforzarse en nada.

Con el tiempo, los adultos notan que la niña deja de tener ideas creativas, que solo rinde lo mínimo en sus estudios, y que se ve apagada y triste.

Se ha creado un monstruo: no a la niña, sino a esos pensamientos de “no vale lo que diga, no interesa mi opinión o mis ideas”. La ansiedad se adueña de todo y el trabajo para superarla tomará mucho, demasiado tiempo.

Acompañar sin podar: lo que sí necesitan estas mentes

Las personas con pensamiento en espiral o arborescente no necesitan que les corten las ramas. Necesitan guía, paciencia y un entorno donde crecer. Y si les das:

🎯 herramientas visuales para organizar ideas
🎯 apoyos sensoriales para calmar la sobrecarga
🎯 tiempo flexible para procesar a su ritmo
🎯 validación constante de su forma de pensar

Y sobre todo, dejas de hacerlas sentir defectuosas y comienzas a ofrecer un acompañamiento neuroafirmativo, entonces verás cuán lejos pueden llegar.

La espiral como fuerza, no como falla

Pensar en espiral es descubrir caminos que otros no ven.
Es demorarse en un detalle… y encontrar allí una puerta.
Es sentirse enredada, sí, pero también capaz de tejer una red poderosa de comprensión.

Si tú (o tu hija, tu alumno, tu paciente) tienen una mente así…
🌱 No intentes enderezarla.
Aprende a acompañarla.
Y verás que, en vez de desorden, hay belleza compleja.
Solo necesita espacio para florecer.


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