Rompiendo mitos: el autismo nace con nosotros

En los primeros años de estudio de las características autistas, ocurrió algo un tanto peculiar: Grunya Sukhareva se centró en cómo adaptar el entorno para facilitar la vida de sus pacientes, para que pudieran ser parte de la sociedad y para que fueran exitosos en el camino que eligieran. Sin embargo, unas décadas más tarde, eso cambió por completo. La observación, el estudio y la investigación se centraron no en las personas autistas, sino en las posibles causas.

Leo Kanner, en los años 40, no solo entregó una descripción (muy) patológica de la condición, sino que también deslizó que, muy probablemente, los responsables de que sus hijos fueran así eran los mismos padres, a quienes describió como personas con alta formación académica, muy intelectuales y con éxito profesional, pero que parecían emocionalmente frías, distantes o “mecanizadas”. De allí al salto de Bruno Bettelheim de culpar derechamente a las madres y calificarlas de “neveras”, bastó solo un poco de tiempo.

Así, entre los años 1940 a 1970, el autismo se consideró una patología de origen ambiental/emocional, con las “madres nevera” como centro de las miradas que intentaban comprender el porqué de la condición.

Grunya Sukhareva, Leo Kanner y Bruno Bettelheim.

El cambio de foco: la genética irrefutable

Este enfoque tuvo un cambio radical a partir de la década de 1970.

  • En 1977, los investigadores Susan Folstein y Michael Rutter realizaron el estudio pionero de gemelos, abriendo la puerta a la hipótesis genética. Con este trabajo, se empezó a cuestionar que la crianza pudiera explicar la aparición del autismo.
  • En 1995, Rutter, junto con A. Bailey y otros investigadores, presentó los resultados de un estudio más amplio y riguroso. Se demostró que, en los gemelos idénticos, que comparten el 100% de los genes, existía una probabilidad de un 70% a 90% de que ambos presentaran autismo. En cambio, en los gemelos no idénticos (50% de genes compartidos), esta tasa era mucho menor (5% a 30%).

Esta diferencia probó una verdad fundamental: el autismo es de origen biológico, no ambiental. Con esto, laboratorios de todo el mundo centraron su mirada en el ADN, dando inicio a la era de la genética del autismo.

El autismo es poligénico: la ciencia sin culpables

Durante mucho tiempo, el mundo ha buscado culpables de la existencia del autismo. Crianza, traumas, vacunas, medicamentos, dietas… cada década parece inventar una nueva teoría sobre el “origen” de este neurotipo. Pero cuando la ciencia avanza y la evidencia se asienta, lo que queda claro es que el autismo no aparece por alguna razón externa: nace con nosotros.

El autismo no es una enfermedad ni un trastorno adquirido. Es una de las tantas formas del neurodesarrollo humano, una manera distinta —y completamente natural— de que el cerebro se organice, perciba y procese el mundo.

1. Genética, no gérmenes ni remedios

Los estudios más recientes confirman que el autismo tiene una base genética y neurobiológica sólida:

  • Cientos de genes: Investigaciones de secuenciación del genoma a gran escala (como la de Trost et al. en 2022) han identificado más de 130 genes confirmados que se relacionan con el autismo, y se estima que el número total de genes de riesgo podría ascender a más de 1,000. Esta enorme complejidad (el modelo poligénico) es la prueba más fuerte de que el autismo no tiene una causa única.
  • Evidencia concluyente: Estudios a gran escala, como el de control de hermanos sueco (Magnusson et al., 2024), que analizó a más de 2.5 millones de niños, demostraron que el riesgo de autismo desaparece al controlar los factores genéticos familiares.

Esto invalida las teorías que culpan a las vacunas, al paracetamol (donde la asociación era solo un factor de confusión familiar), o a cualquier otro desencadenante ambiental simple. La heredabilidad supera el 80%.

2. Conectividad, no déficit

Gracias a las técnicas de neuroimagen (MRI y fMRI), hoy sabemos que el cerebro autista no es disfuncional, sino diferente en su conectividad interna.

Estas diferencias en la conectividad (algunas áreas hiperconectadas para el detalle, otras hipoconectadas para el procesamiento social) explican características como el pensamiento en profundidad, el hiperfoco, la intensidad sensorial o la dificultad para “filtrar” estímulos. No son errores de diseño: son otra forma de procesar el mundo.

La paleta de colores de la neurodiversidad

Imagina que el desarrollo neurológico humano fuera como una paleta de colores…
Tenemos ciertos “pigmentos básicos” —genes— que, al combinarse, dan lugar a los diferentes matices de la mente humana. Algunas combinaciones generan tonos que podríamos llamar “típicos”, y otras, mezclas únicas, dan lugar a mentes autistas, con su particular forma de percibir, procesar y sentir el mundo.
En el caso del autismo, no hay un solo pigmento que “pinte” la diferencia, como ocurre, por ejemplo, en el síndrome de Down, donde una copia extra del cromosoma 21 produce un patrón concreto.
Aquí, lo que existe es una combinación amplia y diversa de cientos de genes que pueden influir en pequeñas proporciones, modificando el tono general.
Así, dos personas autistas pueden parecerse mucho en sus expresiones —digamos, por ejemplo, que su tono es “naranja”—, pero haber llegado a él desde mezclas genéticas muy distintas:
una pudo llegar combinando “rojo + amarillo”,
otra “ocre + blanco + un toque de magenta”.
El resultado visible puede parecer similar, pero la mezcla subyacente es única en cada una.
Y eso, precisamente, explica por qué no se puede hablar de una causa única del autismo, ni de una cura, porque no hay un solo camino que lo origine. Hay una diversidad genética tan grande como la diversidad humana misma.
En otras palabras, no existe “el gen del autismo”, como no existe “el color autista”: lo que existe son infinitas combinaciones posibles que dan forma a la diversidad neurológica humana.

Nuestro nuevo foco: de la búsqueda de causas a la inclusión activa

Aceptar que el autismo tiene una base genética y neurobiológica no solo nos da un entendimiento científico más profundo, sino que nos libera de la culpa, el miedo y la necesidad de “solucionar”.

Si el autismo es una variante natural, entonces el desafío no está en cambiar a la persona autista, sino en adaptar el mundo para que sea verdaderamente inclusivo. Esto implica un llamado a la acción para todos: padres, educadores, profesionales y la sociedad en general.

Dejemos de buscar el “por qué” en los genes y enfoquémonos en el “cómo” de la inclusión activa, retomando el espíritu original de la doctora Sukhareva.

¿Cómo podemos pasar a la acción hoy?

  1. Dejar de Buscar la Causa: Aceptar que la base es biológica y genética elimina el estigma de las “madres nevera”, las “vacunas” y las “malas crianzas”. El autismo nace y evoluciona con la persona.
  2. Adaptar el Entorno, No la Mente: Invertir la mirada. El foco debe estar en adaptar los entornos educativos, laborales y sociales (con apoyos sensoriales, comunicacionales y tiempos de procesamiento) para acoger la neurodiversidad.
  3. Preguntar y Escuchar: La neurodiversidad se vive y se explica por quienes la experimentan. El llamado más importante es a escuchar las voces autistas: ellas son las expertas en lo que funciona y lo que no.

La ciencia ha cerrado el debate de la causalidad. Es hora de abrir el debate de la inclusión.


Para seguir leyendo

Fuentes confiables y lecturas recomendadas:

  • Magnusson, C., et al. (2024). Paracetamol Use During Pregnancy and Children’s Risk of Autism and ADHD in Offspring: A Nationwide Swedish Cohort Study. JAMA, 331(18), 1734–1744.
  • Trost, B. et al. (2022). Whole-genome sequencing of 20,000 individuals with autism spectrum disorder and their family members reveals new risk genes. Cell, 185(24), 4333-4351.
  • Bailey A., et al. (1995). Autism as a strongly genetic disorder: evidence from a British twin study. Psychological Medicine, 25(1), 63-78.
  • Folstein S., Rutter M. (1977). A behavioral and psychiatric study of the siblings of autistic children. The British Journal of Psychiatry, 131(1), 1-20.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS): Declaraciones de consenso sobre el origen biológico del autismo y la no relación causal con vacunas o medicamentos.

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2 comentarios en “Rompiendo mitos: el autismo nace con nosotros”

  1. L llamado más importante es escuchar sobre el autismo ,mi nieta era una mujer ña normal al año comenzó a cambiar su comportamiento hasta hoy tiene cinco años y se ve bien , no hala y de repente eae con crisis , no es violenta,ero la incógnita es porque ? Está con terapias , avanza y de repente todo cambia , cual es su origen ?

    1. Hola, Eddy. Gracias por compartir tu historia con nosotras. Entiendo profundamente la preocupación que sientes al ver cambios en tu nieta y no tener respuestas claras. Es muy difícil ver a alguien que amamos pasar por crisis y sentir que no sabemos el porqué.
      Lo que describes es una situación que muchas familias viven. El desarrollo autista no es lineal, y a veces, cuando las demandas del entorno (sociales, sensoriales, escolares) superan las herramientas que la niña tiene en ese momento, pueden aparecer estas crisis. No es un retroceso, es una señal de que algo en su entorno o en su interior necesita atención.
      Como profesional, no puedo darte una respuesta específica sobre el ‘origen’ de sus crisis por este medio, ya que cada niño es un universo único y sería irresponsable de mi parte. Las causas pueden ser muchas: desde un dolor físico que no puede comunicar, sobrecarga sensorial, ansiedad por cambios, o incluso que las terapias actuales no se estén ajustando a su perfil.
      Lo que sí puedo recomendarte con fuerza es que busquen una evaluación completa y actualizada con un especialista que mire más allá de la conducta y entienda el perfil sensorial y emocional de tu nieta. A veces, necesitamos un par de ‘ojos nuevos’ y expertos para entender qué nos está diciendo con esas crisis.
      Si desean una guía personalizada para desenredar esto y encontrar estrategias concretas para ella, las invito a conocer mis servicios de consultoría, escribiéndome directamente al correo: contacto@selenita.cl

      Un abrazo grande y mucha fuerza en este camino.
      Selenita 🌙

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